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[COLUMNA] El Estado está en ruinas

Inseguridad, violencia, desprestigio, caída económica, todos estos son conceptos que fácilmente se pueden asociar a la situación actual del país, mientras que la incompetencia y la impunidad parecen ser sinónimos del Estado Chileno.

El Estado actualmente, encabezado por la presidenta Michelle Bachelet ha iniciado una fuerte expansión de sus atribuciones. Llegando a invadir aspectos de la vida privada atreves de diferentes reformas: educación, tributaria y hasta una nueva constitución. Reformas que en la ciudadanía tienen un rechazo visceral, rechazo que el gobierno pareciera no escuchar, gobierno caracterizado por la prepotencia y la terquedad.

Existe mucha ignorancia en la ciudadanía, cuando te acercas a alguien y le preguntas “¿Qué es el Estado?” la respuesta más frecuente va a ser: “todos nosotros” y esto no es así, nosotros somos miembros de un mismo país, pero el Estado se define como: una organización política constituida por cierto grupo de hombres, en un determinado territorio, que concentra el monopolio de la violencia. El Estado nace como institución legitimada por la ciudadanía para que asegure, la soberanía nacional, la vida y la propiedad privada. Esa es su función fundamental, que cuando usted va a trabajar pueda tener la seguridad de que no lo van a asaltar, que ningún ladrón va a entrar a su casa a quitarle el fruto de su trabajo, esa es la principal función del Estado.

Ahora, si hacemos una revisión histórica, las funciones del “Estado” han cambiado, inspiradas en las políticas internas de la Unión Soviética donde los “derechos sociales” eran muy relevantes. Actualmente el Estado ya no solo asegura la vida, la propiedad y la soberanía nacional. Ahora supuestamente nos debe asegurar educación, salud, ingreso mínimo y regular la vida laboral, el mercado, nuestro gasto. Casi se ha venido a meter a nuestra casa.

Lamentablemente parece que el Estado va a seguir creciendo, y digo “lamentablemente” porque nadie puede negar la ineficiencia que este supone, nadie puede negar que el Estado es, corrupto, ineficiente y la fuente de privilegios más fuerte en el país. Pero ¿Por qué crece? Porque tenemos una cultura hegemónica cada vez más estatista en Chile, la idea de que “el Estado tiene que resolver” y que tenemos un derecho a que nos financien la salud y la educación se ha vuelto predominante, además de un último programa político exagerado, irresponsable y demagógico. “Pisamos el palito” que nos puso el actual gobierno prometiéndonos el oro y el moro. Y ahora tenemos que recoger los restos de un Chile que se cae a pedazos.

Todas estas percepciones no son solo mías, están avaladas atreves de estudios económicos serios y encuestas tales como: CEP y ADIMARK.

Los Chilenos nos acostumbrados a un Estado que nos apadrine, aunque pase por sobre nuestra libertad, pareciera que nos gusta la gratuidad, que el Estado resuelva, que el Estado me proporcione educación, que el Estado me asegure salud y un sin fín de derechos sociales que solo existen en la retórica de políticos socialistas o socialdemócratas. Somos los ciudadanos responsables de limitar el poder ascendente del Estado, debemos desistir de exigir “derechos”, exijamos libertad, exijamos una acotación de sus funciones pero a la vez efectividad en estas, exijamos reducir impuestos y ser dueños del fruto de nuestro trabajo sin que un burócrata nos quite una porción de nuestra producción.

Los gobiernos próximos deben replantearse, sus funciones y prioridades, pues en las últimas décadas se han caracterizado por ser gobiernos que “abarcan mucho y aprietan muy poco” que nos quieren proporcionar una serie de servicios pero todos ellos funcionan mal, en Codelco, el Estado pierde miles de millones de todos los contribuyentes, el Estado se hace cargo del transporte: todas las personas llegan tarde a sus trabajos por el Transantiago, el Estado se hace cargo de los hospitales: la gente se muere en los pasillos, las guaguas son concebidas en baños y después las cambian.

La apreciación de los ciudadanos es que la administración pública va hacia un pozo sin fondo, en un franco deterioro de los servicios que proporciona. La única solución al despelote que existe actualmente en el Estado, es acotar sus funciones. Primero, tiene que resolver el problema más urgente que aqueja a los chilenos que es la delincuencia, nada es más apreciado por las personas que su derecho a vivir en paz y con los niveles de delincuencia actuales en el país los gobernantes no están respetando este derecho universal. Luego podremos discutir que otras tareas pueden cumplir nuestros gobernantes, pero de momento, tenemos que conformarnos con la probidad de nuestros políticos, “No le pidamos peras al olmo”. Seamos nosotros mismos quienes resolvamos nuestros problemas en la sociedad, sin que un grupo de burócratas en Santiago decidan qué es lo mejor para nosotros.

Por Cristóbal Orbenes.

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