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[COLUMNA] Alejandro Guillier y la evasión de impuestos

Alejandro Guillier, candidato presidencial del Partido Radical Socialdemócrata, ha sido acusado de evadir impuestos durante los últimos veinte años. La acusación tiene relevancia no por el hecho mismo de que Guillier haya evadido impuestos, sino porque él ha criticado a otros —en particular a Sebastián Piñera— por haber hecho esto mismo.

La evasión de impuestos es uno de tantos delitos o faltas que no tienen víctimas: una conducta perfectamente aceptable e inocua que es penada arbitrariamente por la ley. ¿Cómo podemos estar seguros de que se trata de una conducta aceptable e inocua? Básicamente, debemos preguntarnos si acaso esta conducta transgrede los principios de no agresión y de reciprocidad.

Para transgredir el principio de no agresión, una conducta debe lesionar la propiedad o la integridad de una persona. En el caso de los impuestos, quien se niega a pagarlos no está incurriendo en una agresión, sino que administrando su propio dinero sin interferir con la vida de nadie más. Por lo tanto, no existe una transgresión del principio de no agresión en esta conducta.

Para transgredir el principio de reciprocidad, una conducta debe A) no reconocer la condición de otra persona como agente moral o B) incumplir algún acuerdo, compromiso o contrato. Negarse a entregar una parte del propio dinero no parece, en principio, una transgresión del principio de reciprocidad. Hacerlo por medio de mentiras, no obstante, sí lo parece. Lo parece, pero no lo es. Al mentir, ignoramos deliberadamente la condición de otra persona como agente moral, esto es, la tratamos como si no fuera humana. Pero, si mentimos para evitar que nuestra propiedad sea enajenada desde nosotros, en realidad estamos haciendo uso de la legítima defensa con el fin de responder a una transgresión del principio de no agresión. Por otra parte, evadir impuestos no implica el incumplimiento de algún acuerdo, compromiso o contrato, puesto que nadie ha aceptado voluntariamente someterse a la tributación y, más aún, nadie ha firmado un contrato escrito que lo obligue a pagar.

En virtud de lo anterior, lo vergonzoso no es que Guillier haya evadido impuestos, sino que haya criticado a otros por evadir impuestos. Esto, por supuesto, revela una transgresión suya del principio de reciprocidad, porque está actuando sobre la base de la premisa «yo sí puedo, pero tú no».

Yo esperaría, con toda la candidez de la que soy capaz (la cual no es poca), que cualquier político que sea acusado de evadir impuestos no niegue ni maquille su conducta, sino que la reconozca e incluso la defienda. Y que, yendo más allá, prometa impulsar o respaldar legislación que conduzca a la total despenalización y desregulación de la evasión de impuestos. Esto es imposible, por supuesto, pero me gusta soñar que algún político actuará con sensatez algún día.

Piñera, acusado como Guillier de evadir impuestos, aunque desde hace más tiempo, no ha hecho esto que propuse recién: ni lo hará jamás porque es un socialdemócrata cuyo dogma le impide poner en duda la «legitimidad» de la tributación. Al igual que Guillier. Este incluso ha propuesto un ajuste del royalty minero, lo que en los hechos significa un alza de impuestos.

Mónica Rincón le hizo notar a Manuel Ossandón que él exige que Piñera sea transparente con sus presuntas evasiones de impuestos, pero considera que es poco educado esperar lo mismo de Guillier. Resulta evidente, pues, que no soy el primero en observar este tipo de diferencias al juzgar a los pre-candidatos presidenciales. Ossandón trata de mostrarse como opuesto a Piñera porque quiere que los electores lo vean como un candidato de izquierda, aún cuando él ha pertenecido tradicionalmente a la derecha. Piñera también quiere mostrarse a sí mismo como alguien de izquierda y gobernó como todo un socialdemócrata desde 2010 hasta 2014, pero no logra camuflarse tan bien como Ossandón.

Lo que hace Guillier nos deja un mensaje claro: la élite del país tiene el derecho de actuar al margen de la legislación, mientras el resto debe adecuarse estrictamente a ella. Lo justo, sin embargo, no sería que la élite también deba ajustarse a la legislación —como pretenden con muy buenas intenciones algunas personas—, sino que todos actuemos de acuerdo con los principios de no agresión y de reciprocidad: sin pagar impuestos por obligación y sin procesar a quien se niegue a pagarlos.

Por Cristian Mancilla Profesor de Latín y Griego Antiguo

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