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[COLUMNA] El Conejito de Pascua

Hace una semana celebramos una nueva pascua de resurrección. Disfrutamos viendo como los niños buscaban huevitos de chocolate, aunque esta vez – por primera vez- los conejitos de chocolate estuvieron ausentes. Una linda tradición fue arruinada por los burócratas del estado, que decidieron prohibirlos.

Para asegurarse del cumplimiento de tan ruin normativa, la SEREMI de salud reconoció haber soltado a sus fiscalizadores para que – cual jauría de perros – revisaran colegios y locales comerciales para sorprenderlos en infracción y aplicar la coerción en forma de multas y hasta clausuras. El estado ya había hecho desaparecer en Diciembre a los “viejitos pascuales” de chocolate, así como anteriormente los saleros de las mesas de los restaurantes y los chocolates de los quioscos de colegios.

Es cuestión de tiempo que se prohíban también los huevitos de chocolate, ya que están hechos de la misma materia que los proscritos conejitos y no sería de extrañar que pronto prohíban también los árboles de navidad por riesgo de incendio. La borrachera de control y prohibición está desatada. Los fumadores se encuentran arrinconados y las familias tendrán que comprar autos más grandes para poder llevar a sus hijos en enormes sillas especiales, que serán requeridas por carabineros que podrían ocuparse mejor en controlar la delincuencia.

Y si usted tiene un perro, gato, canario, hámster o cualquier animalito, prepárese. Con la nueva ley de tenencia responsable de mascotas tendrá que registrase en el “Registro Nacional de Mascotas” y de ser hembra en el “Registro de Criadores” que solo son el preámbulo de más controles y requerimientos.

El estado no es una institución natural y espontánea, como lo son las familias o una comunidad de amigos. El estado es una institución artificial, que fue creada y es soportada por la gente principalmente para que nos proteja de la agresión de terceros. Se le ha concedido el monopolio de la violencia, para que nadie tenga que hacer justicia por sus propias manos.

Sin embargo, la violencia en la Araucanía y la delincuencia generalizada ha demostrado que el estado chileno es incapaz de ejercer esta función tan básica. A pesar de tan evidente fracaso, el estado incursiona de forma creciente en dictar leyes y normas que pretenden defendernos ya no de los delincuentes, sino que de nosotros mismos.

Se nos considera adultos para elegir a nuestras autoridades, pero incompetentes para decidir qué tipo de forma tienen que tener los chocolates que les entregamos a los niños. El gobierno y los legisladores siguen trabajando en buscar áreas en las que puedan decidir por nosotros para construir en lo que su concepto es un mundo mejor.

No solo es dudoso que tengan la acreditación moral, sino que además ignoran que todos los intentos de construir el paraíso en la tierra por medio de leyes, han terminado por crear verdaderos infiernos. Es lamentable que el estado siga gravitando sobre nosotros con nuestro silencioso consentimiento, sin que nadie o muy pocos perciban el enorme peligro que representa para la libertad del individuo.

Por Roberto Weissohn Heck Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

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