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[COLUMNA] Las tentaciones libertarias

En el siguiente texto, definiré y explicaré las tentaciones que se introducen como quinta columnas en el pensamiento libertario capitalista y que pretenden (a veces sin saberlo) acabar con la identidad de la filosofía libertaria, la cual se basa en los principios de no-agresión y auto-propiedad. A estas denominaré: la tentación progre (o posmo) y la tentación autoritaria.

Las posiciones políticas en el mundo debaten hoy temas que los libertarios nunca tuvimos tan claros, o contingencias para las que nuestros marcos teóricos no estaban preparados. Nos enfrentamos a una guerra de civilizaciones, por un lado con el islam y por el otro con el feminismo radical lo que convierte la situación actual en una de revisión y análisis que nos permitirá (o nos está permitiendo) tener una cultura libertaria más allá de los principios normalmente aplicados a la economía y a el contexto de una civilización occidental compuesta por amplias mayorías liberales y conservadores dentro del marco del consenso socialdemócrata post-guerra fría.

El islam por un lado, es encontrarse de pronto con  una enorme cantidad de seres humanos (casi 1500 millones) de los cuales una buena mayoría se encuentra en total guerra con los principios occidentales como la lógica, el estado laico y los derechos de las mujeres (pew reserch sobre islamismo radical). Esto lleva el asunto de las “open borders” a cuestionarse desde el punto de vista civilizacional, es decir, que si bien siempre hemos dicho que las fronteras abiertas son la respuesta para aumentar tanto la prosperidad como la paz entre las naciones, nos encontramos hoy frente al riesgo de permitir la entrada a personas que ya están probando ser una amenaza seria en cuanto a poner sus ideas en práctica; vemos grupos de musulmanes en las calles de Londres y París imponiendo ley Sharía por la calles a toda hora sin  ser perseguidos ni aplacados por los estados, sino mas bien con el beneplácito de los mismos que además los alimentan, visten y cobijan, ya que en su mayoría se encuentran crónicamente desempleados.

La tentación autoritaria es lo que ha surgido como una respuesta ultra nacionalista y hasta racista en el seno del mundo libertario que se expresa en ciertos grupúsculos que comienzan a surgir por ahí. Esta amenaza para el mundo libertario también lo es para la derecha tradicional, puesto que amenaza –valga la redundancia– con generar una nueva derecha que nada tendría que ver con las realidades socialcristianas y liberal-conservadoras de la derecha clásica, sino una derecha nacional libertaria, que comienza a tomar como modelo a Pinochet. En efecto, una derecha nacional libertaria  que juega también un rol importante en la segunda amenaza y -por consiguiente- tentación a la que los libertarios se ven enfrentados.

El feminismo radical actual y su universo ideológico anclado en la ideología de género y el posmodernismo, presentan una amenaza de otro tipo y es que es bien sabido que los libertarios parten de la necesidad de defender las libertades civiles y morales dentro del marco de la no-agresión, pero algunos libertarios están entrando al juego del neomarxismo/posmarxismo -que no son necesariamnente lo mismo- y comienzan a entender la libertad como el obligar a todo el resto por la fuerza a aceptar cualquier capricho a través del cual un individuo pretende “autodefinirse”.

Esta segunda amenaza se cierne sobre occidente desde adentro y trae consigo la idea más “mágica” que ha tenido alguna vez la izquierda en su corta historia: el “todo vale” no como deporte violento para las pantallas de la tv, sino como deporte moral para organizar el estado y la sociedad. «Ya no hay grandes relatos» dicen orgullosos de su supuesta superioridad intelectual obtenida de auténticos payasos como Derrida y Foucault. En el fondo, no es más que una serie de fórmulas discursivas, fácilmente aprendidas para sentirse inteligente, impidiendo cualquier tipo de conversación civilizada. Es así como muchos caen en esta tentación de flojera intelectual y comienzan a apoyar las más absurdas ideas, como que una persona puede ser hombre un día, mujer al otro, y al siguiente nuevamente hombre, solo porque se le ha dado la gana, o también, cosas como que un ser humano puede decidir volverse gato, etcétera.

Debemos exigir que gente como la historiadora de Evolución Política Valentina Verbal que tan vocalmente defiende las políticas de género desde nuestra trinchera denuncie activamente aquellas políticas de género llevadas a cabo en ciertos países que violan profundamente las libertades individuales de las personas imponiendo cánones de ética desde el estado y prohibiendo la libertad de conciencia, especialmente aquellas que dan un poder ilimitado a las instituciones y generan un lenguaje de corrección política. Si se niegan a denunciarlo debemos considerarlos quinta columnas que pretenden disminuir la razonable alarma que este tipo de legislación pone en los amantes de la libertad.

Estas dos fuerzas divergentes de su tronco común se expulsan mutuamente, como imanes de igual carga y generan una polarización interna derivada de la prostitución más asquerosa de los valores que los libertarios perseguimos, pero es también, el resultado de un proceso en el que se ponen en duda las aplicaciones que hemos dado a nuestros principios en el pasado ¿Qué hacer entonces? No traicionar los principios y replantearse su aplicación en este nuevo entorno.

Daré ejemplos:

Es completamente válido que una persona se quiera vestir en discordancia con su género biológico. Es legítimo que quiera usar un nombre de la misma forma, actuar de la misma forma y hasta tener relaciones sexuales de la misma forma. Es totalmente válido que una persona quiera (dentro de lo que la ciencia permite) cambiar su cuerpo de forma permanente para asemejarlo al del sexo opuesto; lo que no es válido en ningún caso es: influenciar o permitir que menores de edad tomen esta clase de decisiones, obligar a otros a hacerte partes de matrimonio, banquetes de boda, etc…, obligar a otros a usar cierta clase de pronombres para dirigirse a ti. Exigir que un eventual empleador esté impedido de despedirte u obligado a contratarte en base a esta situación y criterios.

Otro ejemplo claro es que si bien, no es válido agredir, los libertarios consideramos la amenaza creíble como una forma de agresión, y hay ciertas ideas que sostenidas por ciertos individuos como su identidad personal (voluntariamente escogida) representan una amenaza creíble y que por lo tanto no deben ser permitidas. Estas ideas son por lo general las relativas al fascismo, el comunismo y el islam, ya que estas personas rechazan la Democracia y la República, pero no solo eso, rechazan la idea de conseguir sus fines por medios pacíficos, y más aun, sus medios son en sí mismos violentos y van en directa contraposición  con nuestros más básicos principios civilizatorios.

Y al final, ¿qué queda? Queda que debemos resistir de igual forma al islam y al feminismo radical mientras combatimos en el seno de los nuestros las tentaciones posmodernas y las autoritarias. Tenemos un momento duro ya que los cambios de contexto son siempre una sacudida muy fuerte para los principios, pero es momento de dejar de observar y comenzar a actuar, debemos repensar la no-agresión y la auto-propiedad en el contexto actual del mundo sin renunciar a ninguno de esos principios para presentar las propuestas de políticas concretas que restauren la cohesión en nuestro mundo, pero sobre todo, defender la lógica y la racionalidad como los elementos fundamentales para alcanzar nuestras conclusiones sin tranzar nunca estos postulados al misticismo de las religiones o a la pedantería posmoderna.

Por Sebastián Izquierdo Líder y fundador de Capitalismo Revolucionario, Youtuber Político, Músico compositor.

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