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[ENTREVISTA] Lucas Blaset: el ultra liberal que quiere llegar al congreso

Bajar los impuestos, privatizar empresas estatales, volver a Chile una potencia tecnológica. Se define como Liberal, Libertario y  Libertino, siendo capitalista cultural, ateo evolucionista, poliamoroso y contrario al feminismo radical. Acá una entrevista al joven candidato que puede llegar ser el diputado más liberal del parlamento.

Sentido Futuro es la nueva coalición que intenta agrupar a todos los liberales ¿Hay cabida para los Liberal-Libertarios ahí?

Sentido Futuro es la coalición que agrupa a los partidos Amplitud, presidido por la Senadora Lily Pérez —partido al que pertenezco—, y a Ciudadanos, de Andrés Velasco, además del movimiento Red Liberal de Cristóbal Bellolio. Es un sueño que muchos quisimos siempre: tener una coalición donde se agruparan todo tipo de liberales. Claramente, hay muchos que vienen del mundo socialdemócrata, como Velasco, que adhieren a ideas socio-liberales, también Red Liberal —del cual fui fundador en 2010 junto a Bellolio— que es un movimiento pequeño de inspiración liberal-igualitaria y, por otro lado, Amplitud, que viene desde la centro-derecha, se definió en su último congreso ideológico cómo Liberal Clásico. Además veo a muchos libertarios especialmente en los miembros más jóvenes.

Personalmente fui parte del primer Comité Político del partido. Me sentí muy cómodo siendo libertario y en ningún caso ha existido censura a las ideas más libertarias, de hecho, en general reina un sentido común muy liberal —de los liberales de verdad— en las tomas de decisiones y de posiciones, lo que hace que cualquier libertario se sienta cómodo en Amplitud, más que en cualquier otro partido Liberal.

¿Cuál es para ti el Sentido Futuro de esta coalición liberal?

Para mí, Sentido Futuro terminará siendo el símil de Ciudadanos de Albert Rivera (de España); ése debe ser nuestro modelo a seguir, porque es la única manera de frenar proyectos populistas de Izquierda equivalentes al de Podemos de Pablo Iglesias, también de España. 

Mi idea es estar en una coalición que en materia de libertad económica esté muy a la Derecha de los comunitaristas y socialcristianos de Chile Vamos. En términos de libertades individuales, estar muy a la Izquierda de los socialdemócratas y conservadores de la Nueva Mayoría. Pero en términos de progreso cultural y renovación política, estar más conectado y tener rostros —e ideas— más jóvenes que el Frente Amplio, que en realidad no son más que las ideas izquierdistas trasnochadas de mediados del siglo pasado, pero en envases nuevos.

¿Hay liberales en otras coaliciones?

En Chile Vamos hay pocos grupos o personas que en verdad están comprometidos con la defensa de la libertad — ni siquiera libertad de mercado. Creo que los únicos que serían rescatables serían aquéllos de Evópoli. Como partido, Evópoli, aunque liberal-conservador —con un liderazgo como el de Felipe Kast, que a veces roza lo socialcristiano— es absolutamente valorable. Me gustaría verlos fuera de Chile Vamos. 

También existen liderazgos aislados, como Jaime Bellolio en la UDI —que lamentablemente perdió la presidencia—  o Republicanos de Julio Isamit, quienes al menos tienen un compromiso con la libertad de mercado, el resto son sólo socialcristianos. 

¿Y en la Derecha por fuera de Chile Vamos?

En 2013, Franco Parisi tuvo una campaña interesante, acercándose al mundo liberal, con propuestas innovadoras —después de que Andrés Velasco perdiera en las primarias de la Nueva Mayoría, apoyé a Franco—, pero ahora, por ganarse el voto evangélico, está retrocediendo mucho en su discurso, adquiriendo cada vez más un tinte populista y conservador. Lo único rescatable ahí, por tener una visión más republicana y federalista, es el partido Democracia Regional.

Quizás hay elementos de personas cercanas al mundo de José Antonio Kast que al menos defienden el mercado, demostrando valentía en eso —ya que es muy impopular hoy en día en la política electoral— defendiendo el mercado incluso más que su sobrino Felipe Kast. El problema está en que José Antonio es en extremo conservador, pareciendo esto último ser su prioridad, más incluso que libertad de mercado. 

También lo que hace Todos de Nicolás Shea—cercanos a Asech— y Nicolás Larraín, es valorable, pero habrá que ver en qué evoluciona, porque veo propuestas concretas pero faltan ideas y principios. Demasiada animadversión a la filosofía política y eso nunca es bueno, porque se presta para “vueltas de carnero” como las de Parisi.

A propósito de “vueltas de carnero”, hablemos de ME-O.

Marco Enríquez-Ominami, en 2009, tuvo una campaña interesante —en primera vuelta voté por él y en segunda por Piñera— ya que planteaba privatizar el 10% de Codelco, reducir impuestos a las personas, etc., pero lamentablemente después se vendió a ideas de personas que hoy reniegan de él y se agrupan en el Frente Amplio. Le salió el tiro por la culata y se quedó solo.

Y en la Nueva Mayoría ¿ves alguien salvable? 

Todos los liberales ya se fueron con Andrés Velasco. Hoy la Nueva Mayoría sólo es un cadáver de gigante sin ideas, sin recambio generacional —con excepción de unos pocos DC como Claudio Castro o Cristian Bowen, y el PC de Camila Vallejos, Camilo Ballesteros y Karol Cariola, todos en los extremos de la coalición— sin intelectuales de peso sub-45. Para mí están condenados a perecer lentamente y ser devorados por los bordes. 

¿Absorbidos por el Frente Amplio?

Sí, mayoritariamente, pero también por Sentido Futuro en los pocos elementos liberales que queden y por Chile Vamos en cuanto a una gran proporción de socialcristianos, que es donde colindan ambas grandes coaliciones

En general, serán succionados por la Izquierda, porque el proyecto más atractivo para el ethos izquierdista de la Nueva Mayoría es más similar al Frente Amplio. 

Para nosotros, el Frente Amplio claramente es el enemigo cultural a vencer de nuestra generación —ya no es la Nueva Mayoría— porque éstos son jóvenes (al menos sus rostros), también son más diversos, tienen intelectuales de la nueva camada, tienen referentes de éxito a nivel internacional —Pablo iglesias de Podemos en España, Corbyn de los Laboristas en Gran Bretaña, la candidatura de Bernie Sanders en USA— al alza. Tienen además un movimiento cultural y conexiones con las nuevas generaciones, tienen mucha presencia en las redes sociales, tienen medios alternativos y, además, los medios de comunicación tradicionales les han prestado especial atención. Por eso son un proyecto tan interesante como peligroso. 

¿En el Frente Amplio existen liberales?

No debería haber, porque justamente quienes más quieren destruir la sociedad libre, que hemos alcanzado en Chile con tanto esfuerzo, son ellos. 

Destaco ahí la incongruencia política e ideológica del diputado Vlado Mirosevic, del Partido Liberal de Chile: él apoyó a Piñera en 2009 en primera y segunda vuelta junto a su partido —cuando se llamaban Chile Primero—, compitió en cupo RN y estuvo en la Coalición por el Cambio en el gobierno de Piñera. Entiendo que se salieran, incluso puedo comprender que apoyaran a ME-O en 2013, pero que estén en el Frente Amplio y en la Internacional Liberal, es una contradicción casi biológica. Si llego al parlamento me gustaría que las personas supieran qué es en realidad un liberal y que no se queden con la imagen de Vlado, que le hace un flaco favor a siglos de tradición liberal y que es más bien un progresista de Izquierda antes que un liberal igualitario como Velasco o Bellolio, con los cuales se puede armar un proyecto común. 

¿Qué se puede hacer para frenar el avance cultural del Frente Amplio?

Los únicos que podemos hacer algo para frenarlos somos nosotros, el mundo Liberal —de Sentido Futuro y EvoPoli— y el mundo capitalista cultural de la Derecha Alternativa —que habitan de forma inorgánica en fundaciones, think tanks, medios informales y redes sociales— pero claramente Chile Vamos no, pues no tienen ni la vocación política ni la capacidad cultural de entender el nuevo mundo en el que estamos. Se ausentaron del debate en la posmodernidad y aún no entienden nada de la era digital y la metamodernidad. Difícilmente Chile Vamos hará algo más que intentar conservar el status quo institucional, mientras pierde todas las batallas culturales una a una, situación a la que ya están acostumbrados y parece no importarles mucho. Hasta uno sospecharía que les gusta.

Los medios te han mencionado como ex-dirigente estudiantil y emprendedor ¿Cuál fue tu rol en el ámbito de la educación?

En la UDD, mientras estudiaba Derecho, intenté formar una federación de estudiantes cuando esta casa de estudios aún no tenía, lo que no se concluyó y marcó mis diferencias con la universidad y terminé por cambiarme. En la UDP, mientras estudiaba Ciencias Políticas, formé parte de la Federación de Estudiantes, donde conocí a muchos de los que luego serían mis camaradas en Amplitud. Por razones económicas tuve que dejar la universidad para retomar Filosofía unos años después, esta vez en la Pontificia Universidad Católica, donde formaría Liberales UC y me postularía como candidato a Presidente de la FEUC por el movimiento.

Le tengo mucho cariño a las universidades donde estudié, a todas regresé después como expositor en debates (a la UDD contra Giorgio Jackson sobre Voto Voluntario y más recientemente a exponer sobre la posición liberal respecto al aborto, y a la UDP en contra de la vocera de la Confech y presidenta de FECH Melissa Sepúlveda, donde debatimos sobre educación), aunque también me han invitado a foros sobre diversos temas como Asamblea Constituyente, en la UAI, o renovación política en la Federico Santa María de Valparaíso. 

Cuéntanos sobre la propuesta de educación que tienes.

En el movimiento estudiantil pusimos sobre la mesa, en 2011, lo importante de una reforma educacional en Chile, pero luego el Gobierno y los grupos de ultra izquierda convirtieron todo esto en un debate de eslogan que desembocó en una reforma muy mal pensada, que sólo responde a los grupos de presión.

Lo que nosotros planteamos —y yo con fuerza ahora quiero proponer a nivel país— es que la subvención no se haga en la oferta, que son los establecimientos educaciones, sino que esté en la demanda, o sea, que sean las personas, los padres y apoderados, los jóvenes, los que decidan libremente que proyecto educacional quieren para sus hijos, donde el Estado sólo les entregue a través de un voucher los recursos faltantes para que ellos escojan entre los diferentes colegios y universidades, a cada uno según sus necesidades, se les completaría para que nadie quede fuera de lo que quiera hacer con su futuro. El Estado no pueden chantajear a las personas y a las casas de estudio para que asemejen sus proyectos educacionales a lo que el gobierno de turno desee. Eso es mostrar la peor cara del totalitarismo en materia de educación. 

Sobre el lucro y la evaluación docente ¿qué dice tu propuesta?

Creo que todo establecimiento educacional debe transparentar cuál es el porcentaje de las utilidades que va para quien que corre el riesgo de poner un colegio o una universidad, además de transparentar cuáles son los resultados de todos sus docentes, así los apoderados pueden elegir qué colegio le parece mejor: uno que lucra pero que entrega mejores resultados en la PSU o el SIMCE y tiene mejores docentes, u otro que no. Eso incentivaría a los padres a involucrase más en la elección de la educación de sus hijos y a los colegios a capacitar a sus profesores. Lo importante está en la transparencia de la información para que exista verdadera libertad de elección.

Además, el sistema de subsidios directo a las personas es una manera bastante eficiente que se puede extrapolar a otras áreas donde el Estado hoy aporta con recursos, pero que requiere menos burocracia. Es finalmente la manera más libre y justa, y que es el único camino a ser un país desarrollado.

Cuéntanos un poco de tu propuesta económica.

Estamos trabajando en una propuesta que llamamos “Economía 2020”. Creo que debemos fijar impuestos planos, iguales para todos, que sean menos engorrosos y que paguen más según más ingresos, pero en la misma proporción para que no exista un castigo al éxito, sino al contrario: que los emprendedores puedan surgir y generan más y mejores empleos, más y mejores servicios, productos, que no sólo sean buenos para Chile, sino que además nos ingresen aún más en el mercado internacional con nuestros productos. 

O sea, ¿bajar los impuestos?

Tengo un problema filosóficos con los impuestos, y es que es injusto que el Estado le saque a las personas el fruto de su trabajo por la fuerza, es tremendamente paternalista y si uno lo ve detenidamente, es súper violento. Imagínate un impuesto de 60% como en algunos países con Estado de Bienestar: eso significa que tú trabajas para el Estado más de 7 meses al año. Por más prestaciones que puedan darte, es una forma de esclavitud, aunque el amo te “regale” agua, pan y techo. 

Por esta razón es que prefiero bajar los impuestos, por principio, pero también porque es más eficiente para la economía de un país. No se trata sólo de números, se trata que una economía crezca, que personas de carne y hueso salgan de la pobreza, que la gente tenga mejores trabajos, educación de mayor calidad y que siga aumentando la cobertura para que los beneficios lleguen a más personas. Todo eso de lo que hemos gozado la mayoría de los chilenos las últimas décadas, pero esta vez para todos.

¿Por cuánto partirías al bajar los impuestos? ¿Por qué?

Creo que algo que podemos hacer en el corto y mediano plazo es dejar los impuestos planos en un 20% —para partir, luego con una economía con mayor crecimiento y menos necesidades sociales, podemos bajarlos aún más—. Ahora debemos incentivar la economía de otras maneras y ahí viene el otro “Veinte”, que es privatizar un porcentaje de las empresas estales, al menos un 20%, que hoy son poco eficientes, que le están costando al Estado —y a todos los chilenos— un montón de recursos, y que además se han convertido en parte del botín de los partidos políticos tradicionales. Esto traería dos repercusiones: por un lado, traemos mucho capital extranjero a invertir a nuestro país nuevamente, para apalear las bajas que tuvimos a raíz del capital que se fue a invertir a economías más estables por culpa de las malas reformas de esta administración y la inestabilidad jurídica que significa un gobierno que escucha más a grupos de presión organizados en la calle que a expertos técnicos para realizar políticas públicas (quienes pueden ver las repercusiones a largo plazo de malas medidas), lo que significaría nuevamente más inversión, mayor crecimiento, más y mejores empleos. Debemos volver a la senda del crecimiento que tuvo Chile entre los años 80 —pasando por los gobiernos de la Concertación— hasta el fin del gobierno de Piñera.

El otro beneficio de esto es que con los recursos que Chile podría obtener con la venta de estas empresas, no a precio “de huevo”, claro, sino a precio de mercado —evitando que sean recursos a disposición del gobierno de turno y los despilfarren irresponsablemente, además de evitar la inflación—, podemos prestar ese dinero a economías extranjeras, que nos den una buena rentabilización, mejoren nuestra situación geopolítica y que nos paguen un interés anual. Podríamos invertir en mejorar servicios, por ejemplo, invertir más en becas en educación o en créditos para emprendimiento, como también apostar por un crecimiento en I+D —innovación y desarrollo— para que Chile pueda ser competitivo en la economía del siglo XXI basado en las ciencias y tecnologías.

¿Serías algo así como el representante del libre mercado en la cámara de diputados?

Quiero ser el vocero en el parlamento de los innovadores y de los emprendedores, especialmente de las Pymes que generan 65% de los empleos de este país.

Tú mismo decidiste emprender poniendo un bar restaurante en Vitacura ¿Qué tal la experiencia como emprendedor?

Difícil. Emprender en este país es muy difícil, pero es algo hermoso. Creo que el poder desarrollar ideas y que éstas se hagan realidad es un verdadero arte. Quisiera encarnar ese sentimiento transversal que tienen los chilenos y que es parte de lo que más nos distingue como país. Estuve dos años en ese proyecto, fue realmente agotante, pero el espíritu sigue.

¿Seguirías en el mundo del emprendimiento si fueras diputado?

Ahora estoy con unos amigos armando un Startup —emprendimiento emergente de tecnología— para armar una aplicación similar a una red social, pero del amor. Quienes siguen con el espíritu es mi hermano —compañero de muchas batallas electorales y políticas—, quien tiene un hostal en Valparaíso y mi padre, que es pintor y tiene una tienda de arte, aunque ellos son más de Izquierda que yo.

De amor y poliamor. Has aparecido en algunos medios masivos como TVN, Chilevision y otros, respecto a una relación poliamorosa que tenías con dos chicas bisexuales, que además de ser tu pareja, también eran parejas entre ellas. ¿Qué es eso del Poliamor?

En mi caso, es llevar la libertad, pero ahora al ámbito del amor. No tiene nada que ver con los swinger, el amor libre o algo meramente sexual — como se le acusa con frecuencia. El poliamor es un tipo de relación afectiva no-monogámica (que, insisto, no es para todos) que de alguna manera intenta dar una solución a la problemática de los celos, las infidelidades y relaciones amorosas insanas. En mi caso, es buscar una relación con todo lo bueno de la pareja, pero no limitado sólo a dos personas, sino a tres —lo que llamamos “trimonio” — que es un número manejable, que permite la intimidad y la confianza y que además aporta a la relación amorosa en términos prácticos (como los tiempos, las tareas del hogar o el aporte económico) y sentimentalmente, como el sentirse contenido por más personas, y también da más libertad individual, ya que no serías el único en sostener a un otro dentro de tu relación. 

Está discusión es similar en cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo y su posibilidad de adoptar, sólo que es el siguiente paso. Finalmente, la pregunta es: ¿por qué otros o el Estado tienen que decidir cómo y con quiénes quiero formar familia? Para un liberal eso es una decisión entre las partes involucradas y no un asuntos de terceros. Deberíamos privatizar y liberalizar el Matrimonio.

Hemos leído algunas de tus columnas y opiniones sobre el feminismo radical. ¿No te parece liberal el feminismo?

El feminismo de primera ola —que pedía igualdad jurídica— y gran parte del feminismo de segunda ola —que pedía libertad sexual en la cultura y la ley— son tremendamente liberales. Me siento parte de esa lucha histórica, pero el feminismo contemporáneo, este feminismo de tercera ola, es un feminismo radical que muchas veces cae en la misandria o es abiertamente hembrista. Además de tener una fuerte raigambre marxista —hace poco las organizadoras de #NiUnaMenos declaraban a la marcha y al movimiento como anti-capitalista y anti-sistema—, no es de extrañar que tengan aspiraciones totalitarias en la vida de las personas, generando un bioconflicto en toda relación humana, donde terminan dividiendo a las personas por sus genitales y como los usan, por sus etnias y sus culturas, y hasta por la alimentación, muy parecido a lo que hizo el comunismo con la burguesía o el nazismo con los judíos, generando bandos, enemigos imaginarios, criminalizando personas por su condición, y ya sabemos cómo termina todo eso.

Además, en las propuestas, el feminismo radical es tremendamente conservador: tiene aversión al sexo, a la libertad, al deseo, y lo mezcla con una crítica al capitalismo, donde les molesta la sensualidad en la publicidad, la pornografía, el BDSM, el comercio sexual, los concursos de belleza, los chistes con contenido sexual,  incluso si son en grupos de WhatsApp que es un ámbito privado.

Por eso digo que tienen una pretensión totalizante, porque no les complica usar el poder y la fuerza del Estado para sus fines moralistas. Están en el lado equivocado de la historia, porque la historia de Occidente es la historia de la libertad.

¿No es una contradicción ser libertario y postular a un cargo político?

Quizás para un anarco-capitalista —ideas que me agradan en la teoría, pero en la práctica estamos muy lejos aún— sí, pero yo lo veo de la siguiente manera: el parlamento es históricamente el órgano que mantiene a raya la potencialidad tiránica del Poder —así fue en Roma y en Gran Bretaña, cuna de las ideas liberales—, encarnada en la modernidad en el poder ejecutivo y su ejército de burócratas. El parlamento es más bien una concesión del poder legislativo a los partidos políticos, que encarnan a la Sociedad Civil, a través de un concurso público llamado elecciones. Entonces, un parlamentario debe ser el representante de una fracción de la sociedad civil para mantener a raya el poder del Estado en la vida de las personas, y quién más acorde para eso que un liberal.

Por último. ¿por qué la decisión de postular por la Quinta Costa?

Varias razones. Primero una razón personal: es mi segunda casa, mi madre, mi padre y mi hermano viven en Valparaíso. Mi hermano tiene el hostal “El Mítico”” en la subida Cumming, mi padre que es pintor tiene una tienda de arte por ahí cerca en Puertas Lúcidas, además de tener mucha familia ampliada en Viña del Mar y Algarrobo, por lo que he venido toda mi vida para la Quinta Costa. 

Como dato anecdótico, mi tatarabuelo Lindor Pérez-Gacitúa fue vicealmirante —máximo puesto en aquella época— de la Marina. En Valparaíso hay una calle que lleva su nombre en su honor. 

Además, el Puerto tiene algo muy liberal, ahí es donde se ha desarrollado el comercio en la historia de la civilización, mientras que en lugares como Santiago, lejos del mar, es donde crece el poder del Estado, la burocracia. Viña, Valparaíso, San Antonio son lugares de mucho comercio, tienen un espíritu emprendedor, un ethos capitalista. Por eso se entiende que la Moneda esté en Santiago y el Congreso esté en Valparaíso, tiene cierta elegancia la idea.

Una razón política: en Valparaíso es donde estaba uno de nuestros diputados fundadores de Amplitud, Joaquín Godoy —a quien le tengo mucho aprecio y tenemos muchas coincidencias ideológicas— que ya no va a la reelección, cumpliendo su segundo período, pero al Senado va también la Senadora Lily Pérez a su primera reelección por la Región de Valparaíso, así que voy a hacer campaña con ella, porque es justamente en esta región donde Amplitud sacará al menos dos diputados, uno en la Quinta Cordillera y otro en la Quinta Costa, así que es un buen lugar para aportar a mi partido y a mi coalición. 

Si no es una candidatura testimonial, entonces ¿por qué quieres ganar?

Por estas y otras razones, tengo la convicción de que puedo ser el diputado joven que represente de verdad al liberalismo en el congreso, defender a las PYMES, el libre comercio y la innovación, además de jugármela por una educación libre, justa y realmente de calidad. Porque estamos viviendo tiempos complicados históricamente a nivel mundial, creo que es hora de forjar nuevos liderazgos, que sepan enfrentarse a nuevos desafíos, pero siempre con ideales claros. Y el mío es el de la libertad. 

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