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¡Salvemos al feminismo de las feminazis!

La presente columna pretende dar cuenta someramente de los antecedentes del que se ha dado en llamar “feminismo institucional o establecido“.

Además de sus ridiculeces, en un acto que sin rodeo alguno llamaré disidente. Todo esto no significa, desde luego, negar los casos de violencia que el feminismo establecido pretende instrumentalizar y capitalizar para sí, cuyos fundamentos y fines nada tienen que ver con las denuncias de maltrato por parte de mujeres, que sin lugar a dudas reconozco y todos debiéramos reconocer, ¿quién no? El acto de disidir implica según la RAE “la separación de la común doctrina, creencia o conducta”, así como “un grave desacuerdo de opiniones“. En efecto, este artículo no sólo se limitará al feminismo establecido, sino además intentará persuadir y ofrecer una alternativa a una legítima demanda social hacia posiciones más realistas como el feminismo disidente que reivindica la lucha primigenia por la igualdad ante la ley y los derechos civiles y políticos sin discriminaciones.

Es el caso de lo que ha venido ocurriendo desde la década del 90 y que ha sacudido a la opinión pública estadounidense con las duras críticas que pensadoras como Camila Paglia y Christina Sommers han descargado no sin razón en contra del feminismo establecido. Para estas autoras disidentes, el feminismo establecido traicionó la causa de las mujeres en su manipulación de la realidad. Denuncian que muchas de las investigaciones carecen de rigor científico y que están imbuidas por delirios contaminados y por excesiva ideología feminista. Apuntan a la generación más reciente de feministas que hacen el hincapié en otras peculiaridades que se unen al hecho de ser mujer, quienes critican al feminismo de los setenta por considerarlo como un punto de vista de mujeres blancas, occidentales y liberales. Es así cómo las jóvenes de la tercera ola marcan distancia de sus predecesoras a quienes la estética, la belleza y el odio a los hombres no las caracteriza.

Según diversas investigaciones (Whelehan, 2004; Gurley, 1982), las feministas negras, hispanas, islámicas y lesbianas, marcadas por la cultura popular o la era tecnológica, son las que han hecho circular las más diversas expresiones de feminismo. Así se comienza a hablar, por ejemplo, del feminismo de las mujeres negras marcadas por la dominación de raza; del feminismo de mujeres lesbianas discriminadas por su orientación sexual; de las ecofeministas que ven en el patriarcado un agente destructivo del medioambiente; feminismos postmodernos que recogen la teoría estructuralista; hasta las más inimaginables expresiones como el ciberfeminismo que ve en la tecnología una plataforma de liberación que permitiría una redifinición de la identidad en el mundo virtual; pasando por el feminismo post-colonial; el feminismo multiculturalista hasta llegar a la Teoría Queer que rechaza la clasificación de individuos en categorías universales (ya sea hombre o mujer, ya sea homosexual o heterosexual) por considerar que se trata de un mero producto de la cultura. Todos estos micromovimientos, de los cuales hemos recogido solo algunos, han sido catalogados por ciertos autores (Aronson, 2003; Holmulnd, 2002) como postfeminismos o feminismos de la tercera ola. Algunas de sus máximas representantes serían Naomy Wolf, Susan Faludi, Gloria Steinem, Andrea Dworking, Catherine McKinnon, Marilyn French, Shulamite Firestone, y una larga lista de mujeres (?) que son de obligada referencia y lectura en cualquier círculo feminista de adoctrinamiento en universidades o de estudios de género. Contra ellas han arremetido sin temor, aunque bajo la amenaza constante [2] Camila Paglia y Christine Sommers, arguyendo que el movimiento feminista -establecido- se encuentra sumido en una grave crisis de percepción por parte de la población femenina.

Según las académicas norteamericanas las mujeres no se sentirían feministas aunque sí tengan interiorizados los valores del feminismo y disfruten de los logros conseguidos por este movimiento. El problema de fondo sería que el feminismo establecido está promoviendo una nueva guerra de sexos que ya parecía estar superada. Esta vez el odio sería unilateral: del hombre a la mujer, donde las cargas morales sólo están reducidas a dos papeles, el del verdugo (hombre) y la víctima (mujer). La consecuencia de esto sería el rencor que comienza a ser patente por parte de algunas mujeres y a desarrollarse el desconcierto y la culpabilidad en los hombres. Es esta situación la que se comienza a atribuir a la llamada ideología de género que los sectores reaccionarios de izquierda niegan, pues la izquierda en palabras de la misma Sommers “no acepta criticas“.

Tan hermética y ridícula es la postura de los sectores reaccionarios de izquierda que tildan a Camila Paglia y Christine Sommers -y a cualquiera que disienta con sus opiniones- de ser simpatizantes de la “extrema derecha conservadora“, lo que es definitivamente para la risa pues Paglia es una lesbiana declarada, defiende a ultranza el aborto, la sodomía, la pornografía y la legalización de la prostitución, aspectos que denotan su pensamiento progresista y que en Chile nadie osaría de calificar como “UDI“. Otra crítica del feminismo establecido esta vez de origen español, Empar Pineda, dice en una entrevista del 3 de marzo del año 2006 en el diario El País:

Hay un enfoque feminista que apoya determinados aspectos de la ley contra la violencia de género de los que nos sentimos absolutamente ajenas, entre ellos la idea del impulso masculino de dominio como único factor desencadenante de la violencia contra las mujeres. En nuestra opinión, es preciso contemplar otros factores, como la estructura familiar, núcleo de privacidad escasamente permeable que amortigua o genera todo tipo de tensiones; el papel que juega la educación religiosa y su mensaje de matrimonio-sacramento; el concepto del amor por el que todo se sacrifica; las escasas habilidades para la resolución de conflictos; el alcoholismo; las toxicomanías… Todas estas cuestiones, para una verdadera prevención del maltrato, quedan difuminadas si se insiste en ‘el género como única causa“.

Habiendo -brevemente- apuntado al norte polar de las distintas variantes del feminismo establecido es necesario hacer una cronología de los primeros hitos históricos que han consolidado el movimiento feminista, y que, contrariamente al feminismo de tercera ola establecido, sí contribuyeron al desarrollo, promoción y respeto a los derechos humanos de la mujer. El primer antecedente que puede catalogarse dentro de las acciones feministas es la obra de Maria Lejars titulada “La Igualdad de los hombres y las mujeres“, hacia finales del siglo XVI. Posteriormente, hacia 1731 vendría un trabajo de la inglesa Mary Astell que llevaría por nombre “La proposición formal dedicada a las damas para el mejoramiento de sus verdaderos y más grandes intereses“. De la mano de estas obras y otras se llegaría a cristalizar el hito histórico más importante del feminismo, que tuvo lugar en 1789 durante la Revolución Francesa en Paris, donde las mujeres coreando al unísono “libertad, igualdad y fraternidad” rumbo a Versalles consiguieron por primera vez su derecho a voto. Dos años más tarde vendría la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la  Ciudadana” bajo el liderazgo de la francesa Olympia de Gouges, quien la presentaría en la Asamblea Nacional Francesa.

Así podemos encontrar muchísimos otros sucesos que marcaron la historia del feminismo desde el siglo XVI hasta el XX, que, sin embargo, a efectos de no extender el artículo no profundizaremos. Vemos así que la lucha por los derechos civiles y políticos que se enmarcan en una legítima aspiración por el acceso equitativo -esto es, la no interferencia de acceso- a las garantías institucionales, entre otras dimensiones, nada tiene que ver con la victimización que el feminismo establecido o de tercera ola actual se empeña en relucir. Otras críticas del fasci-feminismo (o feminismo establecido) como la francesa Elizabeth Badinter, en su libro Por Mal Camino afirman que “el eslogan implícito o explicito de ‘cambiar al hombre‘, mas que el de ‘luchar contra los abusos de ciertos hombres‘, revela una utopía totalitaria (…) Este concepto globalizador, que constriñe a hombres y mujeres en dos campos opuestos, cierra la puerta a toda esperanza de comprender su influencia recíproca y de medir su común pertenencia a la humanidad”. Además, Badinter considera peligroso el maniqueísmo que subyace a la visión feminista, donde se presenta a los hombres como malos y a las mujeres como buenas. Lo anterior reposa en algo todavía más complejo y profundo, en la identificación de la victima con el bien y con la verdad: “la victima no miente por el hecho de ser víctima” (p. 63), donde se arremete con todo hacia los hombres y se torna una búsqueda hacia la “idealización de lo femenino” (p. 64-69).

Por tanto, ¿Cuál es la alternativa y cómo es que surge esta disidencia dentro del propio campo feminista? Lo cierto es que Camila Paglia y Christina Sommers al ver cómo el movimiento se fue desvirtuando tomaron posiciones distantes dando inicio a trabajos como Sexual Personae (Paglia, 1990) y Who Stole Feminism? (Sommers, 1994) donde critican decididamente el determinismo social del feminismo en los temas referidos a la violencia y a la identidad sexual. Las autoras se desmarcan de la visión russoniana del ser humano donde el hombre sería benigno por naturaleza pero corrompido por las “fuerzas sociales“. Así, ambas autoras examinan y critican la supuesta violación sistematizada de los hombres en detrimento de las mujeres con especial énfasis en lo referido a las violaciones y a la denominada violencia de género. Sommers aborda el fenómeno desde un punto de vista empírico analizando las metodologías empleadas a la hora de evaluar esta  problemática en tanto que Paglia desde un enfoque más teórico se adentra en conflictos de género relacionados al arte y a la literatura. Cabe destacar que para el feminismo establecido las determinantes sociales que configuran los roles de género son los que a su vez determinan que el hombre por su socialización en el patriarcado ejerza violencia sobre la mujer. La influencia socialista en las distintas variantes del feminismo establecido o de tercera ola se tornan así evidentes, pues para el socialismo la estructura productiva determinaría la superestructura ideológica, que a su vez permea -según sea la voluntad de la supuesta clase dominante- las variables culturales y sociales. ¿O por qué cree usted que el mínimo denominador común de estos micromovimientos fasci-feministas es el rechazo a priori del capitalismo siendo que éste y no otro es el que más ha respetado los derechos fundamentales de la mujer en toda la historia de la humanidad?

En síntesis, Paglia y Sommers con sus obras marcaron la pauta al interior del campo feminista dando el punta pie inicial a muchas otras teóricas que vendrían después; es el caso de Cathy Young, periodista de origen soviético radicada en Estados Unidos, columnista de prestigiosos periódicos como el Wall Street Journal, The New York Times, The Washington Post, Newsday, entre otros, quien además ha escrito una serie de libros y artículos denunciando las calamidades del feminismo establecido [5]. EnCeasefire!: Why Women and Men Must Join Forces to Achieve True Equality refiere sobre la ideología antimasculina a la que ha girado el feminismo. La autora defiende una linea que no es “pro-mujer“, sino “pro-fairness“, es decir, equitativo y justo a los ojos de la legislación. No sólo eso, además es sumamente crítica con la politización de los problemas personales todo en pos de un nuevo paradigma de responsabilidad personal. Así también existen muchas otras mujeres más que se suman en la noble cruzada de rescatar el feminismo de las feministas, como Daphne Patai,  profesora de literatura brasileña y profesora adjunta de literatura comparada en la Universidad de Massachusset; Donna Laframboise, periodista canadiense; Wendy Kaminer quien crítica fuertemente el feminismo proteccionista para quien éste se centra en aspectos que exigen protecciones especiales que entrarían en conflicto con los derechos de los hombres (no habría la igualdad jurídica) y con la libertad de expresión.  A la lista se suman Karen Lehrman, Waren Farell, Rita Simon y Neil Gilbert. Es así, como a la luz de la desvirtuación en el feminismo con respecto a sus orígenes cuando toma mayor fuerza la sentencia de Shakespeare en La Tragedia de Hamlet: “La conciencia nos vuelve más cobarde, el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento, y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso y ya no son acción“.

1.  El feminismo institucional es aquel que se sitúa dentro del sistema político de un país, organizando sus demandas desde las instituciones estatales y participando de los departamentos del Estado para financiar sus actividades por intermedio de sus funcionarios y burócratas, con cargo al sector privado, o lo que es lo mismo, a los que producen.

2.  Ejemplos de amenazas y repudio del feminismo establecido hacia las voces críticas pueden verse relatados en los libros de Sommers (1994) y Paglia (2001). En Kurtz (2001) se encuentra otro ataque experimentado por Sommers en una Conferencia a la que fue invitada.

3. Sommers 1994, Paglia 2001, Kurt 2001.

4. Algunos trabajos son, Where the boys are (1999), What Do Women Want? (1998), Harassment Hypocrites (1998), Groping Toward Sanity, why the Clinton sex scandals are changing the way we discuss sexual harassment (1998), Women on the Verge (1998), Domestic Violations (1998),  Lipstick Traces (1997), Man Troubles, Is the men’s movement merely feminism with a scratchy face? (1994).

Por Rodrigo Norambuena.

@NorambuenaRod

Movimiento Sector Privado.

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